Editorial – Vol 36 – N 2 – Agosto

Cuando el centro vuelve a ser el niño
When the child becomes the center again

Reflexiones después del II Congreso Regional de Quemaduras de Centroamérica y el Caribe “Dra. Margarita Saravia y Dr. Manuel Antonio Bonilla”
San Salvador, El Salvador | Hotel Hilton 11 al 13 de mayo de 2026


Existen congresos que actualizan conocimientos y existen otros que además nos invitan a reflexionar sobre el sentido profundo de nuestra práctica profesional. El II Congreso Regional de Quemaduras de Centroamérica y el Caribe, realizado en San Salvador, fue para mí una de esas experiencias.

Tuve el honor de participar con cuatro conferencias y formar parte de una mesa redonda sobre el Registro Latinoamericano de Quemaduras (RELAQ), compartiendo experiencias con colegas provenientes de distintos países de nuestra región. Durante esos días hablamos de comunicación, trabajo interdisciplinario, formación de recursos humanos, prevención, innovación terapéutica e investigación. Sin embargo, más allá de los contenidos científicos, regresé a Argentina con una convicción renovada: el principal desafío de la atención de las quemaduras infantiles sigue siendo profundamente humano.

Las conferencias que presenté abordaron temas diversos. Compartí nuestra experiencia en comunicación asertiva entre cirugía plástica, terapia intensiva y enfermería; reflexioné sobre la necesidad de entusiasmar a los jóvenes profesionales para trabajar en torno a los pacientes con quemaduras; expuse resultados vinculados a terapias regenerativas para el tratamiento de secuelas cicatrízales; y participé en el intercambio regional generado por RELAQ. Sin embargo, al observarlas en conjunto comprendí que todas convergían en un mismo punto: el niño quemado debe estar siempre en el centro de nuestras decisiones.

En ocasiones, los sistemas de salud nos empujan a enfocarnos en indicadores, protocolos, estructuras o limitaciones. Son herramientas necesarias, pero nunca deben hacernos perder de vista que detrás de cada quemadura existe una historia de vida. Existe un niño que sufre, una familia que atraviesa incertidumbre y un equipo de salud llamado a acompañar uno de los momentos más difíciles de esa experiencia.

CITA DESTACADA
“El trabajo de los niños es jugar. Nuestro trabajo es cuidarlos y hacer todo lo posible para que sigan jugando. Y el camino, sin lugar a dudas, es la prevención.”
Dra. Fanny Rondón Torres

Esta frase resume una forma de entender nuestra tarea. Cuando un niño se quema, no solo se lesiona la piel. Se interrumpe su juego, su rutina, su desarrollo y muchas veces la tranquilidad de toda una familia. Por eso la prevención debe ocupar un lugar prioritario en nuestras estrategias sanitarias. Cada quemadura evitada representa sufrimiento prevenido y oportunidades preservadas.

Uno de los temas que generó gran interés durante el Congreso fue la creciente dificultad para incorporar jóvenes profesionales al área de quemaduras. Esta situación no es exclusiva de un país. Se trata de una realidad observada en gran parte de América Latina, donde confluyen la alta exigencia laboral, la carga emocional, el desgaste profesional y limitaciones estructurales de los sistemas de salud.

Con frecuencia se interpreta este fenómeno como una falta de interés de las nuevas generaciones. Personalmente creo que el análisis debe ser más profundo. Los jóvenes profesionales buscan propósito, formación, acompañamiento y condiciones que les permitan desarrollarse. Nuestro desafío consiste en transmitir la relevancia de esta especialidad y construir espacios donde puedan crecer profesional y humanamente.

Trabajar con pacientes quemados exige conocimientos técnicos, capacidad de adaptación y una enorme fortaleza emocional. Pero también ofrece algo que pocas áreas de la medicina brindan con tanta claridad: la oportunidad de transformar vidas. Acompañar la recuperación de un niño quemado implica participar en un proceso complejo donde cada integrante del equipo contribuye a reconstruir mucho más que tejidos.

Otra de las reflexiones que me dejó el encuentro en San Salvador tiene relación con el valor del trabajo interdisciplinario. Nuestra experiencia en el CePSI Eva Perón demuestra que los mejores resultados aparecen cuando diferentes profesionales trabajan alrededor de un propósito común. Cirujanos, intensivistas, enfermeros, kinesiólogos, psicólogos, infectólogos y tantos otros actores forman parte indispensable del proceso asistencial.

En ese contexto, la comunicación adquiere una importancia central. Con frecuencia se habla de la comunicación como una habilidad complementaria, cuando en realidad constituye una verdadera herramienta de cuidado. Equipos que se escuchan, que comparten objetivos y que construyen confianza mutua son capaces de enfrentar desafíos mucho más complejos y de ofrecer una atención más segura y humana.

Del mismo modo, las familias deben convertirse en participantes activos del proceso de recuperación. La confianza, la información clara y el acompañamiento emocional no son aspectos secundarios. Forman parte esencial de la atención integral del paciente pediátrico quemado.

La mesa redonda sobre RELAQ aportó otra dimensión de enorme valor. Los registros permiten conocer nuestra realidad regional, identificar problemas comunes y generar evidencia propia. Pero también representan algo más: una red de colaboración entre profesionales y centros que comparten los mismos desafíos.

América Latina necesita información de calidad para mejorar la atención de las quemaduras, pero también necesita espacios de encuentro donde podamos aprender unos de otros. RELAQ constituye una oportunidad para fortalecer esa construcción colectiva del conocimiento y para transformar la experiencia acumulada en mejores resultados para nuestros pacientes.

Uno de los aspectos más enriquecedores del Congreso fue comprobar que, a pesar de las diferencias entre nuestros países, compartimos preocupaciones y objetivos similares. Todos buscamos disminuir la incidencia de quemaduras, mejorar la calidad de atención, acceder a mejores recursos, formar equipos sólidos y brindar a nuestros pacientes las mayores oportunidades de recuperación posibles.

Esa coincidencia nos recuerda que los desafíos actuales no pueden abordarse de manera aislada. La colaboración regional, el intercambio de experiencias y la construcción de redes profesionales son fundamentales para el futuro de nuestra especialidad.

Regresé de San Salvador profundamente agradecida. Agradecida con los organizadores, con los colegas que compartieron generosamente sus conocimientos y con cada profesional que trabaja diariamente en unidades de quemados de nuestra región, muchas veces enfrentando importantes limitaciones y desafíos.

Pero también regresé con una certeza.

El futuro de la atención de las quemaduras infantiles dependerá menos de individualidades y más de la fortaleza de nuestros equipos. Dependerá menos de los discursos y más de nuestra capacidad para escucharnos. Dependerá menos de esperar condiciones ideales y más de la decisión cotidiana de trabajar juntos alrededor de aquello que verdaderamente importa.

Porque al final de cada congreso, de cada innovación tecnológica, de cada protocolo y de cada investigación, seguimos persiguiendo el mismo objetivo: que nuestros niños puedan recuperar su vida, su bienestar y su futuro.

Que puedan volver a jugar.

Y mientras mantengamos ese propósito en el centro de nuestro trabajo, seguiremos avanzando.

El trabajo de los niños es jugar; el nuestro es cuidarlos. Y el camino, sin dudas, es la prevención.

Nos vemos en el próximo Congreso!

Dra. Fanny Rondón Torres
Cirujana Plástica
Encargada del Servicio de Quemaduras
CePSI Eva Perón, Santiago del Estero, Argentina

17 agosto, 2026