Realidad virtual en la atención de pacientes con quemaduras: una revisión narrativa de la evidencia actual (2016-2026)

Virtual Reality in the Care of Burn Patients: A Narrative Review of Current Evidence (2016-2026)

Autores:

  1. Karen Michelle Lara Morales, Médico Pasante del Servicio Social, Universidad Anáhuac Querétaro.
  2. Edgar Andrés Perea Celestín, Residente de Cirugía General, Centro Médico Lic. Adolfo López Mateos.

Autor de correspondencia:

karenliramorales@gmail.com tel: +52 442 122 2649

No existen conflictos de interés por ninguno de los autores y no se recibió ningún tipo de financiamiento.


Resumen

Objetivo: Sintetizar y analizar críticamente la evidencia publicada entre 2016 y 2026 sobre el uso de la realidad virtual como intervención complementaria no farmacológica en el manejo del dolor procedimental, la ansiedad y la rehabilitación funcional en pacientes pediátricos y adultos con quemaduras.

Método: Se llevó a cabo una revisión narrativa estructurada de la literatura en las bases de datos PubMed/MEDLINE y Scopus. Se incluyeron estudios originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis y ensayos clínicos publicados entre enero de 2016 y febrero de 2026, en idioma inglés y español, que abordaran el uso de realidad virtual en la atención de pacientes con quemaduras. Tras el cribado de títulos, eliminación de duplicados y evaluación a texto completo conforme a criterios predefinidos, se incluyeron 30 artículos en la síntesis final.

Resultados: La realidad virtual, predominantemente en su modalidad inmersiva, demostró una reducción clínicamente significativa del dolor procedimental durante curaciones y desbridamiento, con tamaños de efecto entre moderados y grandes reportados en múltiples metaanálisis. Los efectos sobre la ansiedad fueron favorables aunque más variables, con mayor consistencia en población pediátrica. En rehabilitación funcional, la realidad virtual se asoció con mejoras en el rango de movimiento articular y en la adherencia terapéutica, si bien los resultados sobre fuerza de prensión no fueron concluyentes. La modalidad inmersiva e interactiva mostró superioridad sobre la no inmersiva en los análisis disponibles. El perfil de seguridad fue favorable y la experiencia del paciente consistentemente positiva. No se documentó una reducción sistemática del consumo de opioides.

Conclusiones: La evidencia respalda la incorporación de la realidad virtual como adyuvante no farmacológico dentro de protocolos de analgesia multimodal en pacientes con quemaduras. No obstante, la heterogeneidad metodológica, los tamaños muestrales reducidos y la falta de estandarización en desenlaces e instrumentos limitan la solidez de las conclusiones. Se requieren ensayos clínicos aleatorizados multicéntricos con protocolos homogéneos y seguimiento prolongado.

Palabras Clave: realidad virtual; quemaduras; dolor procedimental; ansiedad; rehabilitación.

Abstract

Objective: To synthesize and critically analyze the evidence published between 2016 and 2026 on the use of virtual reality as a complementary non-pharmacological intervention for procedural pain management, anxiety reduction, and functional rehabilitation in pediatric and adult burn patients.

Methods: A structured narrative review was conducted using PubMed/MEDLINE and Scopus databases. Original studies, systematic reviews, meta-analyses, and clinical trials published between January 2016 and February 2026 in English and Spanish that specifically addressed virtual reality use in the care of burn patients were included. After title and abstract screening, duplicate removal, and full-text assessment according to predefined criteria, 30 articles were included in the final synthesis.

Results: Virtual reality, predominantly in its immersive modality, demonstrated a clinically significant reduction in procedural pain during wound care and debridement, with moderate-to-large effect sizes reported across multiple meta-analyses. Effects on anxiety were favorable yet more variable, with greater consistency in pediatric populations. In functional rehabilitation, virtual reality was associated with improvements in joint range of motion and treatment adherence, although results regarding grip strength were inconclusive. Immersive and interactive modalities showed superiority over non-immersive approaches. The safety profile was favorable and patient experience consistently positive. No systematic reduction in opioid consumption was documented.

Conclusions: The evidence supports incorporating virtual reality as a non-pharmacological adjunct within multimodal analgesia protocols for burn patients. However,  methodological  heterogeneity,  small  sample  sizes,  and lack of standardization in outcomes and instruments  limit  the  strength  of  conclusions.  Multicenter  randomized clinical trials with homogeneous protocols and long-term follow-up are needed.

Keywords: virtual reality; burns; procedural pain; anxiety; rehabilitation.


Introducción

Las quemaduras constituyen una de las principales causas de morbilidad y mortalidad por trauma a nivel mundial. El manejo clínico de las quemaduras implica procedimientos repetitivos inherentemente dolorosos, como curaciones, cambios de apósitos, desbridamientos, cuidados de injertos y sesiones de fisioterapia. El dolor en estos pacientes incluye un componente basal, un componente incidental asociado al movimiento y un componente procedimental directamente relacionado con las intervenciones terapéuticas, siendo este último el de mayor intensidad y el que genera mayor impacto en la experiencia del paciente.

El abordaje farmacológico convencional, basado principalmente en opioides y antiinflamatorios no esteroideos dentro de esquemas multimodales, con frecuencia resulta insuficiente para lograr un control óptimo del dolor procedimental. Además, el uso repetido de opioides se asocia con efectos adversos como náuseas, sedación, depresión respiratoria, tolerancia farmacológica y riesgo de dependencia.

En este contexto, la realidad virtual ha emergido como una herramienta tecnológica con creciente respaldo científico para el manejo complementario del dolor. A través de entornos tridimensionales inmersivos proyectados mediante visores montados en la cabeza, proporciona estímulos visuales y auditivos que compiten por los recursos atencionales del paciente. Su efecto analgésico se explica principalmente por mecanismos de distracción cognitiva inmersiva, sustentados en la teoría del control de la compuerta del dolor y en estudios de neuroimagen que muestran disminución de la actividad en regiones cerebrales implicadas en el procesamiento nociceptivo.

Durante la última década el número de investigaciones sobre realidad virtual en pacientes con quemaduras ha aumentado de forma significativa, incluyendo ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y metaanálisis que evalúan sus efectos sobre dolor, ansiedad, rehabilitación funcional y experiencia del paciente. No obstante, la evidencia disponible presenta heterogeneidad considerable en las poblaciones estudiadas, los dispositivos utilizados y los desenlaces evaluados.

El objetivo de la presente revisión es sintetizar y analizar críticamente la evidencia publicada entre 2016 y 2026 sobre el uso de la realidad virtual como intervención complementaria no farmacológica en el manejo del dolor procedimental, la ansiedad y la rehabilitación funcional en pacientes con quemaduras.

Método

Se realizó una revisión narrativa estructurada de la literatura científica sobre el uso de realidad virtual en pacientes con quemaduras.

La revisión se realizó con el propósito de sintetizar y analizar la evidencia disponible sobre el empleo de la realidad virtual como estrategia complementaria no farmacológica en el tratamiento del dolor, la ansiedad y la rehabilitación funcional de pacientes con quemaduras.

La búsqueda bibliográfica se efectuó en las bases de datos PubMed/MEDLINE y Scopus. La estrategia se diseñó mediante la combinación de términos controlados del vocabulario Medical Subject Headings (MeSH) y palabras clave en texto libre, articulados con operadores booleanos (AND, OR). La cadena de búsqueda empleada en PubMed fue la siguiente:

(“Virtual Reality”[MeSH] OR “virtual reality”[tiab] OR “immersive virtual reality”[tiab] OR VR[tiab]) AND (“Burns”[MeSH] OR burn[tiab] OR burns[tiab] OR “burn injury”[tiab] OR “burn wound”[tiab] OR quemadura[tiab] OR quemaduras[tiab]) AND (“wound care”[tiab] OR debridement[tiab] OR “dressing change”[tiab] OR rehabilitation[tiab] OR procedure[tiab]) AND (pain[tiab] OR anxiety[tiab] OR fear[tiab] OR distress[tiab] OR “patient experience”[tiab] OR dolor[tiab] OR ansiedad[tiab]).

En Scopus se implementó una estrategia análoga adaptada a la sintaxis de dicha plataforma. La búsqueda combinada en ambas bases de datos identificó un total de 111 registros.

El periodo de búsqueda comprendió desde enero de 2016 hasta febrero de 2026. Se incluyeron publicaciones en idioma inglés y español. La población de interés abarcó pacientes pediátricos y adultos de ambos sexos con diagnóstico de quemaduras.

El proceso de selección se realizó en dos fases. En la primera, dos revisores examinaron de manera independiente los títulos y resúmenes de los 111 registros identificados, descartando aquellos claramente no pertinentes y eliminando los duplicados. En la segunda fase, los artículos potencialmente elegibles fueron evaluados mediante lectura del texto completo, aplicando criterios de inclusión y exclusión previamente definidos.

Se consideraron elegibles los ensayos clínicos aleatorizados, estudios cuasiexperimentales, estudios observacionales, revisiones sistemáticas y metaanálisis que evaluaran la aplicación de realidad virtual en pacientes con quemaduras y que abordaran, al menos, uno de los siguientes ejes temáticos: (1) contexto clínico y justificación del uso de realidad virtual; (2) características poblacionales y procedimientos evaluados; (3) tipos de dispositivos y modalidades de intervención; (4) mecanismos propuestos de acción analgésica y efecto sobre el dolor durante curaciones o desbridamiento; (5) impacto sobre la ansiedad; (6) comparación entre realidad virtual inmersiva y no inmersiva; (7) rehabilitación funcional posquemadura; (8) consumo de opioides, seguridad y experiencia del paciente; y (9) limitaciones de la evidencia disponible.

Los criterios de exclusión comprendieron: estudios sin texto completo disponible, publicaciones en idiomas distintos al inglés o al español, investigaciones que no involucraran población con quemaduras, trabajos que no emplearan realidad virtual como intervención, resúmenes o ponencias presentadas en congresos, protocolos de investigación, registros duplicados, publicaciones anteriores al año 2016 y artículos cuyo acceso al contenido íntegro no fue posible. Adicionalmente, se excluyó un estudio por haber sido formalmente retractado.

Tras la aplicación de los criterios mencionados, 30 estudios fueron incluidos en el análisis final.

De cada estudio incluido se registraron las siguientes variables: autor principal y año de publicación, diseño metodológico, tamaño muestral, características demográficas y clínicas de la población (edad, sexo, porcentaje de superficie corporal total quemada), tipo de procedimiento evaluado, modalidad de realidad virtual utilizada, desenlaces principales (intensidad del dolor, niveles de ansiedad, rango de movimiento articular, requerimiento de opioides), tamaño del efecto con intervalos de confianza del 95 %, heterogeneidad entre estudios (I²) y limitaciones metodológicas reportadas por los autores.

La información extraída fue organizada y analizada cualitativamente en una síntesis narrativa estructurada de acuerdo con los nueve ejes temáticos previamente definidos. Todo el proceso se condujo respetando principios de rigor metodológico, transparencia y reproducibilidad.

Contexto clínico y justificación del uso de realidad virtual

El dolor asociado a las lesiones por quemaduras es ampliamente reconocido como uno de los síndromes dolorosos más intensos en la práctica clínica contemporánea. Su severidad se exacerba de manera particular durante las intervenciones terapéuticas repetidas que forman parte del tratamiento estándar —desbridamiento, limpieza de heridas, cambios de apósitos, cuidados de injertos y sesiones de fisioterapia—, configurando un escenario de dolor procedimental recurrente y de difícil control (1). La síntesis de múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis ha puesto de manifiesto que, pese al empleo de esquemas analgésicos convencionales, el dolor durante estos procedimientos persiste como un problema clínicamente significativo en una proporción sustancial de pacientes (2,3). En la población adulta, la farmacoterapia analgésica aislada frecuentemente no alcanza un control óptimo del dolor en el contexto de curaciones sucesivas (4). En pacientes pediátricos, esta dificultad se intensifica debido a la mayor reactividad emocional, la coexistencia de ansiedad anticipatoria y las restricciones inherentes al uso seguro de determinados fármacos en este grupo etario (5–7).

El abordaje estándar del dolor por quemaduras se sustenta en un modelo multimodal que integra opioides, analgésicos no opioides y estrategias complementarias de índole no farmacológica (8). No obstante, la administración reiterada de opioides durante procedimientos dolorosos puede requerir escalamiento progresivo de dosis y se asocia con efectos adversos clínicamente relevantes, incluyendo náuseas, sedación excesiva, depresión respiratoria y desarrollo de tolerancia farmacológica (9–11). En determinados contextos, especialmente en países de ingresos bajos y medios, la disponibilidad limitada de opioides y el acceso restringido a técnicas de sedación profunda complejizan aún más el manejo analgésico (12). Asimismo, diversos estudios han documentado incrementos significativos en la intensidad del dolor durante los cambios de apósitos respecto a los niveles basales, aun bajo analgesia opioide, lo que evidencia la persistencia de un control nociceptivo incompleto en un número considerable de casos (12,13). Este escenario ha consolidado el interés clínico por integrar intervenciones no farmacológicas dentro de protocolos multimodales que potencien la eficacia analgésica sin incrementar la carga farmacológica (14).

En la población pediátrica, las curaciones y desbridamientos no solo desencadenan dolor agudo de elevada intensidad, sino también respuestas de ansiedad, temor y activación fisiológica del estrés, manifestadas por incrementos en la frecuencia cardíaca y otros parámetros autonómicos (15,16). Dado que la experiencia dolorosa constituye un fenómeno multidimensional con componentes sensoriales, afectivos y cognitivos, su abordaje exclusivamente farmacológico resulta insuficiente para intervenir sobre la totalidad de sus dimensiones (16). A ello se suma la creciente preocupación respecto a la exposición acumulativa a opioides en la infancia, cuyo perfil de seguridad exige especial vigilancia (17,18). En respuesta a estas necesidades, la realidad virtual (RV) ha emergido como una estrategia coadyuvante no farmacológica diseñada para complementar la analgesia convencional durante procedimientos de alta carga dolorosa, tanto en el entorno hospitalario como en escenarios domiciliarios supervisados (19).

Más allá del dolor procedimental agudo, la fase de rehabilitación posterior a la quemadura representa un desafío clínico sustancial. Se ha reportado que una proporción considerable de pacientes con quemaduras graves presenta limitaciones articulares y compromiso funcional al momento del egreso hospitalario (20). Los programas de rehabilitación convencional, caracterizados por ejercicios repetitivos y potencialmente dolorosos, pueden asociarse con adherencia subóptima, disminución de la motivación y presencia de sintomatología ansiosa o depresiva (20,21). Un control inadecuado del dolor durante esta etapa se ha vinculado con prolongación de la estancia hospitalaria y deterioro funcional a mediano plazo (22). Las quemaduras que comprometen las manos revisten particular relevancia, dado su impacto directo sobre la motricidad fina y la autonomía en actividades de la vida diaria (23). En este contexto, la RV se ha propuesto como herramienta de distracción inmersiva y retroalimentación visual interactiva, con potencial para mejorar la tolerancia al ejercicio terapéutico y favorecer la participación activa del paciente en el proceso rehabilitador (24).

Desde una perspectiva neurocognitiva, el efecto analgésico de la RV se fundamenta en el principio de distracción atencional inmersiva. Mediante la exposición a un entorno tridimensional interactivo, habitualmente a través de dispositivos de visualización montados en la cabeza (head-mounted displays, HMD), se redirige la atención del paciente desde los estímulos nociceptivos hacia estímulos audiovisuales envolventes. Esta competencia por recursos atencionales limitados reduce la capacidad del sistema nervioso central para procesar señales dolorosas (25). Se ha postulado que mayores niveles de inmersión se asocian con una reducción más pronunciada en la percepción del dolor (25). Este fenómeno puede interpretarse a la luz de modelos clásicos como la teoría del control de la compuerta, que describe la modulación descendente de la transmisión nociceptiva a nivel medular, así como de modelos contemporáneos que integran mecanismos supraespinales de regulación cognitiva y emocional del dolor (22). A diferencia de otras estrategias distractoras predominantemente unisensoriales, como la musicoterapia, la RV ofrece estimulación multisensorial sincronizada, lo que podría potenciar su efecto analgésico (26).

La evidencia acumulada indica que variables psicológicas como la ansiedad anticipatoria, la catastrofización y las expectativas negativas amplifican significativamente la experiencia dolorosa durante los procedimientos de cuidado de heridas (9,10). En este marco, la RV se perfila como una intervención no invasiva, generalmente bien tolerada y con un perfil de seguridad favorable, concebida como complemento —y no sustituto— del manejo farmacológico estándar (2,8,14). Su integración en la atención del paciente con quemaduras se inscribe dentro de una estrategia multimodal orientada a optimizar el control del dolor, reducir la carga emocional asociada a los procedimientos y mejorar de manera integral la experiencia asistencial y funcional (27,28).

Características poblacionales y procedimientos evaluados

La investigación sobre el empleo de la realidad virtual (RV) en pacientes con quemaduras se ha desarrollado en un amplio espectro de contextos clínicos, incluyendo población pediátrica y adulta, con diseños metodológicos heterogéneos, tamaños muestrales variables y escenarios asistenciales que abarcan unidades hospitalarias de agudos, consultas ambulatorias y entornos domiciliarios supervisados. No obstante, la interpretación del volumen acumulado de evidencia requiere cautela, dado que existe una probable superposición parcial de estudios primarios entre las distintas revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados.

En la población adulta, diversas revisiones han integrado un número sustancial de ensayos clínicos. Se han reportado cohortes acumuladas de hasta 660 pacientes distribuidos en 21 ensayos, con una edad media cercana a los 31 años, procedentes de centros especializados en Estados Unidos, Irán, Australia y Sudáfrica, todos ellos sometidos a curaciones repetidas de heridas por quemadura (4). Un metaanálisis posterior agrupó 16 estudios con 748 participantes, describiendo una edad media de 35 años, predominio masculino del 70,7 % y una superficie corporal quemada (SCQ) promedio del 26,4 %, incluyendo procedimientos de curación de heridas, fisioterapia y desbridamiento realizados en múltiples países (22). En síntesis más amplias se integraron hasta 30 estudios con un total de 1293 pacientes, con una edad media aproximada de 23 años y predominio masculino superior al 70 %; sin embargo, en dicho análisis no se realizó una estratificación etaria detallada en los resultados cuantitativos (2), lo que limita la interpretación clínica de esa media de edad, especialmente en revisiones que combinan población pediátrica y adulta.

Otra revisión reunió 17 ensayos clínicos aleatorizados con 1119 pacientes pertenecientes a distintos grupos etarios —pediátricos, adolescentes, adultos y adultos mayores—, con SCQ que oscilaron entre 4,7 % y 86 % (26). En ese conjunto predominaban las quemaduras con SCQ inferior al 30 %, rango que varios de los estudios incluidos consideraron de gravedad leve a moderada; no obstante, la clasificación de severidad no fue homogénea entre trabajos, lo que introduce variabilidad clínica relevante. En población exclusivamente adulta, una revisión integrativa examinó nueve estudios con participantes de 18 a 65 años, con quemaduras de diversa etiología y extensión, atendidos en unidades especializadas de alta complejidad (27). Asimismo, un ensayo controlado realizado en Irán incluyó 60 adultos con SCQ entre 5 % y 50 %, asignados aleatoriamente a tres grupos —RV, distracción auditiva y control— durante cambios hospitalarios de apósitos (13). Este estudio constituye uno de los pocos que comparó la RV con otra intervención no farmacológica activa; sin embargo, su tamaño muestral relativamente limitado y su carácter unicéntrico deben considerarse al valorar la generalización de los resultados.

En la población pediátrica, la evidencia disponible es igualmente amplia, aunque también heterogénea. Un metaanálisis actualizado incorporó 15 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 622 niños y adolescentes hospitalizados por quemaduras, sometidos a curaciones y desbridamientos repetidos (5). Otro metaanálisis, centrado específicamente en el cambio de apósitos, agrupó seis ensayos con 241 pacientes de entre 3 y 18 años, procedentes de Australia, Estados Unidos y Turquía (29). Una síntesis posterior integró 11 ensayos con 445 pacientes menores de 18 años, evaluando la aplicación de RV durante curación de heridas, hidroterapia, cambios de apósitos y desbridamiento superficial (15). Además, se han descrito hasta 17 estudios en población menor de 21 años, con tamaños muestrales que oscilaron entre 7 y 143 participantes (25). Esta variabilidad en el tamaño de las muestras —incluyendo estudios piloto de pequeña escala— limita la potencia estadística de algunos ensayos individuales y contribuye a la heterogeneidad global de la evidencia.

Algunos estudios primarios aportan mayor precisión clínica sobre los participantes y el contexto asistencial. En el ámbito pediátrico ambulatorio, un ensayo clínico con 90 pacientes de 6 a 17 años comparó RV activa y pasiva frente al cuidado estándar durante curaciones en consulta externa; predominaban quemaduras de segundo grado con SCQ inferior al 5 % (7). En contraste, un ensayo en pacientes pediátricos con quemaduras extensas —SCQ media del 44%—evaluó la RV como complemento de la analgesia estándar durante procedimientos repetidos de limpieza y desbridamiento en la unidad de cuidados intensivos (19), representando una de las poblaciones de mayor gravedad incluidas en la literatura analizada. Por otra parte, un estudio de factibilidad realizado en Estados Unidos incluyó 24 niños que completaron seguimiento utilizando RV durante cambios diarios de apósitos en el domicilio a lo largo de una semana (18), lo que amplía el espectro de aplicación hacia entornos extrahospitalarios, aunque con las limitaciones inherentes a su diseño piloto.

En relación con los procedimientos evaluados, los cambios de apósitos y las curaciones de heridas constituyen el escenario más frecuentemente investigado, presente de manera consistente en la mayoría de las revisiones analizadas (2,22,26). El desbridamiento y la limpieza de heridas —incluyendo procedimientos en hidrotanque— también han sido evaluados de forma reiterada (9,17). La rehabilitación funcional posquemadura representa un tercer ámbito relevante. Un metaanálisis que integró 16 ensayos con 535 participantes analizó intervenciones aplicadas durante ejercicios de rango de movimiento, rehabilitación de mano y muñeca y movilización de grandes articulaciones; nueve estudios reportaron uso concomitante de analgésicos durante las sesiones (20). Revisiones centradas en rehabilitación del paciente adulto han examinado programas estructurados de ejercicio con medición objetiva del rango de movimiento mediante goniómetros manuales y electrónicos (24). En el subgrupo de quemaduras de mano, ensayos prospectivos evaluaron programas de rehabilitación con RV de cuatro semanas de duración, empleando pruebas funcionales estandarizadas como el Jebsen–Taylor Hand Function Test (JTT), el Purdue Pegboard Test (PPT) y el Michigan Hand Outcomes Questionnaire (MHQ) (23).

A pesar de la amplitud geográfica —con estudios realizados en Estados Unidos, Australia, Países Bajos, Egipto, Corea del Sur, Turquía, China, Arabia Saudita, Irán, Reino Unido y Brasil, entre otros (22,26)—, la mayoría de los ensayos se concentran en centros especializados y en países de ingresos medios y altos, lo que podría limitar la generalización de los resultados a contextos con recursos más restringidos. Encuestas realizadas en centros verificados por la American Burn Association han documentado la implementación de la RV tanto en unidades exclusivamente adultas como en centros mixtos adulto-pediátricos, utilizándose predominantemente durante cambios de apósitos y desbridamientos, sin establecerse un umbral mínimo uniforme de SCQ como criterio de indicación (8).

En conjunto, la evidencia muestra una heterogeneidad considerable en cuanto a edad de los participantes, extensión de la quemadura, contexto asistencial, tipo de procedimiento, diseño de los estudios y tamaño muestral. Asimismo, la probable superposición de estudios primarios entre revisiones y la variabilidad en la clasificación de severidad de las quemaduras dificultan la comparación directa entre metaanálisis. No obstante, se observa un patrón consistente: la aplicación predominante de la RV durante procedimientos repetitivos e inherentemente dolorosos —principalmente cambios de apósitos, curaciones, desbridamientos y sesiones de rehabilitación física— tanto en población pediátrica como adulta (2,5,18,22). Esta amplitud poblacional y procedimental sugiere una versatilidad potencial de la RV como intervención coadyuvante; sin embargo, la diversidad metodológica existente debe considerarse cuidadosamente al interpretar la magnitud y consistencia de los efectos reportados en la literatura.

Tipos de realidad virtual y características de la intervención

A lo largo de la literatura revisada, la modalidad de realidad virtual (RV) más empleada fue la inmersiva, implementada mediante visores tipo head-mounted display (HMD). En la mayoría de las revisiones sistemáticas analizadas, más del 70 % de los estudios incluidos utilizaron dispositivos inmersivos con aislamiento visual y auditivo parcial o total (2,5,26,15). El objetivo central consistió en generar distracción multisensorial durante procedimientos terapéuticos dolorosos, particularmente curaciones y desbridamientos. En todos los estudios analizados, la RV se aplicó como intervención complementaria a la analgesia farmacológica estándar; en ninguno de los ensayos reemplazó el tratamiento analgésico convencional (17,19,9,13). Este punto es clínicamente relevante, ya que la evidencia disponible respalda su uso como estrategia adyuvante y no sustitutiva.

Desde el punto de vista clasificatorio, las intervenciones pueden agruparse según el grado de inmersión tecnológica. La RV inmersiva implicó el uso de HMD con generación de entornos tridimensionales, audio integrado y, en una proporción considerable de estudios, interacción activa mediante controles manuales o seguimiento cefálico (25,6,11). La RV no inmersiva incluyó pantallas convencionales, tabletas, videojuegos comerciales o visores de bajo costo acoplados a teléfonos inteligentes (30,11). Sólo una de las revisiones realizó una diferenciación formal y análisis cuantitativo estratificado entre ambas modalidades (30), lo que evidencia la limitada estandarización conceptual en este campo.

La diversidad tecnológica fue notable. Se emplearon dispositivos como i-glasses, eMagin, Samsung Gear VR, Oculus Rift DK2 y Oculus Quest 2 (25,21,12). Algunos ensayos describieron especificaciones técnicas (campo visual de 90 grados, resolución de 1280×1024 píxeles por ojo, audífonos con cancelación de ruido) (9), aunque la mayoría no reportó parámetros técnicos clave como latencia o tasa de refresco. La ausencia de comparaciones sistemáticas entre plataformas y la falta de criterios uniformes de selección de hardware fueron señaladas en varias revisiones como fuentes importantes de heterogeneidad metodológica (4,28,26).

En cuanto al contenido virtual, predominó el uso de entornos interactivos gamificados. SnowWorld fue el escenario más reportado (22,17,19,20), utilizado en una proporción significativa de los ensayos clínicos incluidos en metaanálisis tempranos. Otros contenidos incluyeron videojuegos interactivos y experiencias pasivas basadas en paisajes naturales o estímulos audiovisuales relajantes (16,18,9,27). La elección del contenido varió según la edad; en estudios pediátricos, algunos protocolos permitieron la selección del entorno virtual por parte del niño, lo que se asoció a mayores niveles de involucramiento (21).

Una distinción relevante fue la modalidad activa (interactiva) frente a la pasiva. La RV activa implicó interacción directa con el entorno virtual, mientras que la pasiva se limitó a la visualización sin manipulación (27,10). En los metaanálisis que realizaron análisis por subgrupos, las intervenciones interactivas tendieron a mostrar tamaños del efecto mayores en la reducción del dolor en comparación con modalidades pasivas (20,7). Aunque la magnitud exacta varió entre estudios, esta tendencia sugiere que la carga atencional y la participación cognitiva podrían modular la intensidad del efecto analgésico. Sin embargo, estas conclusiones provienen principalmente de análisis secundarios y comparaciones indirectas; no se identificaron ensayos diseñados específicamente para contrastar ambas modalidades bajo condiciones controladas equivalentes.

Las revisiones sistemáticas incluidas reportaron calidad metodológica variable. Si bien varios ensayos fueron clasificados como de riesgo de sesgo bajo a moderado, limitaciones frecuentes incluyeron ausencia de cegamiento (difícil de implementar por la naturaleza de la intervención), tamaños muestrales pequeños (algunos menor a 30 participantes por grupo) y falta de estandarización en escalas de medición del dolor. Estas limitaciones metodológicas influyen directamente en la precisión de los estimadores de efecto.

En los metaanálisis publicados, se reportaron niveles de heterogeneidad estadística moderados a altos, con valores de I² que en algunos análisis superaron el 50 %, e incluso alcanzaron rangos elevados en determinados subgrupos (2,5,26). Esta heterogeneidad refleja diferencias en dispositivos, contenidos, duración de sesiones, poblaciones, procedimientos evaluados y comparadores utilizados. Aunque los efectos analgésicos fueron estadísticamente significativos en la mayoría de los análisis globales, la variabilidad inter-estudio limita la extrapolación uniforme de la magnitud del beneficio.

La duración de las sesiones durante cambios de apósitos osciló entre 2 y 30 minutos, con medias reportadas cercanas a 10–15 minutos (22). En programas de rehabilitación funcional, las sesiones alcanzaron 30 minutos y se repitieron diariamente durante varias semanas (21,23,24,26). No obstante, ningún estudio definió formalmente una dosis óptima de RV, ni se realizaron análisis de relación dosis-respuesta, lo que constituye una brecha importante en la literatura.

En cuanto a seguridad y criterios de exclusión, algunos protocolos excluyeron pacientes con antecedentes de vértigo, cinetosis o claustrofobia (12). Sin embargo, la notificación sistemática de eventos adversos fue limitada, y la mayoría de los ensayos no presentó análisis estructurados de seguridad, lo que impide establecer conclusiones robustas sobre tolerabilidad en subgrupos vulnerables.

En conjunto, la evidencia sugiere que la RV inmersiva, especialmente en modalidad interactiva, puede generar una reducción clínicamente significativa del dolor cuando se utiliza como complemento de la analgesia estándar durante procedimientos dolorosos en pacientes con quemaduras. Sin embargo, la heterogeneidad metodológica, la variabilidad tecnológica y la calidad desigual de los ensayos indican que, aunque la implementación es prometedora y factible en entornos hospitalarios y ambulatorios, aún se requiere estandarización técnica y ensayos comparativos directos antes de establecer recomendaciones clínicas universales sobre tipo de dispositivo o modalidad óptima.

Mecanismos propuestos de acción analgésica y efecto de la realidad virtual sobre el dolor durante curaciones y desbridamiento

La evidencia analizada converge en identificar la distracción cognitiva inmersiva como el principal mecanismo mediante el cual la realidad virtual (RV) ejerce su efecto analgésico. Al sumergir al paciente en un entorno virtual altamente estimulante, se genera una competencia por los recursos atencionales limitados del sistema nervioso central, disminuyendo la capacidad disponible para procesar las señales nociceptivas procedentes de la herida. En este contexto, la atención actúa como un recurso finito: cuanto mayor es el grado de inmersión y presencia subjetiva en el entorno virtual, menor es la percepción consciente del dolor durante el procedimiento (2,3,8).

Desde el punto de vista teórico, este fenómeno se sustenta en modelos clásicos y contemporáneos del procesamiento del dolor. La teoría del control de la compuerta plantea que los mecanismos descendentes de modulación cognitiva pueden inhibir la transmisión nociceptiva a nivel medular, reduciendo la señal dolorosa antes de su integración cortical (16). De manera complementaria, el modelo de la neuromatriz entiende el dolor como una experiencia multidimensional generada por redes cerebrales distribuidas que integran componentes sensoriales, emocionales y cognitivos (1). La inmersión multisensorial característica de la RV, junto con la participación activa del paciente en entornos interactivos, podría modular estas redes, disminuyendo la activación de regiones implicadas en el procesamiento nociceptivo, como la corteza somatosensorial, la ínsula, la corteza cingulada anterior y el tálamo, según lo descrito en estudios de neuroimagen funcional (1). La asociación entre menor activación en estas áreas y menores puntuaciones de dolor refuerza la plausibilidad biológica del efecto observado.

Es importante destacar que la RV no actúa exclusivamente sobre la intensidad del dolor. Diversos estudios han documentado reducciones simultáneas en la desagradabilidad y en el componente cognitivo del dolor, medido como el tiempo que el paciente dedica a pensar en él durante el procedimiento (20). Esta acción multidimensional sugiere una modulación integral de la experiencia dolorosa, que abarca dominios sensoriales, afectivos y atencionales. Aunque algunos trabajos exploratorios han descrito posibles correlatos neurofisiológicos específicos, estos hallazgos permanecen en etapas preliminares y requieren confirmación en muestras de mayor tamaño (12).

En términos clínicos, las revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en la última década coinciden en señalar que la RV reduce de manera significativa el dolor durante procedimientos de cuidado de heridas por quemadura, incluyendo cambios de apósitos y desbridamientos repetidos. En poblaciones mixtas de adultos y niños, las síntesis que integraron entre ocho y dieciséis ensayos clínicos aleatorizados describen una superioridad consistente de la RV frente al cuidado estándar sin intervención distractora, con magnitudes de efecto que se sitúan de forma recurrente en el rango moderado a grande (2,22,30). Aunque la variabilidad entre estudios es considerable, la dirección del efecto se mantiene uniforme a favor de la intervención.

En población pediátrica, la magnitud del beneficio tiende a ser aún más pronunciada. Las revisiones que agruparon entre seis y quince ensayos clínicos en niños y adolescentes con quemaduras documentan reducciones sustanciales del dolor procedimental cuando la RV se utiliza como complemento de la analgesia convencional (5,29,15). Este hallazgo reviste especial importancia clínica, dado que los pacientes pediátricos presentan mayor vulnerabilidad al dolor repetido y a la ansiedad asociada a procedimientos invasivos.

Los estudios individuales refuerzan estos resultados con datos clínicamente interpretables. En adultos sometidos a cambios de apósitos, diversos estudios han reportado reducciones cercanas a dos puntos en escalas numéricas de 0 a 10, diferencia considerada clínicamente relevante en dolor agudo (4,22). En niños, ensayos controlados han mostrado descensos significativos en escalas adaptadas a la edad, como la Wong-Baker FACES, con puntuaciones consistentemente menores en los grupos que recibieron RV (16). En pacientes con quemaduras extensas sometidos a desbridamiento repetido, se han observado reducciones marcadas tanto en el peor dolor como en el dolor promedio, con efectos sostenidos a lo largo de varios días consecutivos de tratamiento (17,19). Asimismo, en entornos domiciliarios se han descrito disminuciones superiores al 30 % en la carga total de dolor reportada por niños durante cambios diarios de apósitos (18).

Más allá de la intensidad, la RV ha demostrado impacto en múltiples dimensiones de la experiencia dolorosa, incluyendo la desagradabilidad y la rumiación asociada al procedimiento (20), lo que respalda su acción integral sobre la vivencia nociceptiva.

Cuando se compara con otras estrategias no farmacológicas, la RV muestra superioridad frente al cuidado estándar y resultados comparables, e incluso discretamente superiores en algunos estudios, frente a técnicas distractoras convencionales como la música o la televisión (13,26). Sin embargo, la heterogeneidad metodológica es elevada en la mayoría de las síntesis disponibles, atribuible a diferencias en edad de los participantes, extensión de la quemadura, tipo de procedimiento, modalidad de RV (inmersiva frente a no inmersiva; activa frente a pasiva), duración de la intervención y escalas de medición empleadas (4,3,22). Esta variabilidad limita la precisión de la estimación global del efecto, aunque no cuestiona la consistencia de la dirección del beneficio.

En conjunto, la evidencia disponible indica que la RV produce una reducción clínicamente relevante del dolor durante curaciones y desbridamiento en pacientes con quemaduras, tanto adultos como pediátricos. El efecto parece maximizarse cuando la intervención es inmersiva e interactiva, se aplica en procedimientos de alta carga dolorosa y forma parte de un esquema de analgesia multimodal. A pesar de la heterogeneidad existente, la convergencia de resultados procedentes de múltiples revisiones independientes y estudios primarios realizados en diversos contextos clínicos respalda la utilidad de la RV como herramienta adyuvante en el manejo del dolor procedimental por quemaduras.

Efecto de la realidad virtual sobre la ansiedad

La ansiedad constituye un componente frecuente y clínicamente relevante de la experiencia del paciente con quemaduras, particularmente durante procedimientos dolorosos repetidos. Su evaluación ha sido incluida como desenlace secundario en un número creciente de estudios que investigaron la realidad virtual (RV) en esta población. Los hallazgos disponibles sugieren un efecto favorable, aunque con mayor variabilidad que los resultados sobre dolor.

En revisiones sistemáticas y metaanálisis que integraron población adulta y pediátrica, se observó una reducción estadísticamente significativa de la ansiedad en los grupos que recibieron RV en comparación con el cuidado estándar (2,5,30). Sin embargo, la magnitud del efecto fue menor que la reportada para el dolor, y la heterogeneidad entre estudios fue elevada. Estos resultados deben interpretarse con cautela, dado que los instrumentos de medición empleados variaron considerablemente entre ensayos, incluyendo escalas de autorreporte (como la Escala Visual Analógica de Ansiedad y la escala FACES), mediciones fisiológicas (frecuencia cardíaca) y herramientas observacionales aplicadas por el personal clínico o los cuidadores (2,25,26).

En la población pediátrica, la señal ansiolítica de la RV fue más consistente. Los metaanálisis centrados en niños y adolescentes con quemaduras documentaron reducciones significativas de la ansiedad durante curaciones y desbridamientos (5,15,29). Este hallazgo es congruente con la noción de que los pacientes pediátricos son particularmente susceptibles a la ansiedad anticipatoria, al temor al procedimiento y a la amplificación emocional del dolor. La distracción inmersiva proporcionada por la RV parece modular tanto el componente afectivo del dolor como la respuesta de ansiedad situacional, reduciendo la activación autonómica y disminuyendo la percepción de amenaza durante el procedimiento (25,16).

En adultos, los resultados fueron más heterogéneos. Algunas revisiones reportaron una tendencia favorable pero no significativa (4,3), mientras que ensayos individuales mostraron efectos positivos en subgrupos específicos, como pacientes sometidos a procedimientos de mayor duración o con niveles basales elevados de ansiedad (10,27). La menor consistencia en adultos podría atribuirse a diferencias en los mecanismos cognitivos de regulación emocional, a la mayor familiarización con el entorno hospitalario o a la heterogeneidad de los instrumentos de medición utilizados.

Un aspecto relevante es que varios estudios no analizaron la ansiedad como desenlace primario, sino como variable secundaria, lo que puede haber limitado el poder estadístico para detectar diferencias significativas. Además, la falta de cegamiento —inherente a las intervenciones con RV—introduce un riesgo de sesgo de expectativa que podría sobreestimar el efecto percibido sobre la ansiedad.

En conjunto, la evidencia respalda un efecto beneficioso de la RV sobre la ansiedad en pacientes con quemaduras, con mayor solidez en población pediátrica. No obstante, la heterogeneidad en los instrumentos de medición, la variabilidad en los diseños de estudio y la ausencia de análisis específicamente diseñados para evaluar la ansiedad como desenlace primario limitan la fortaleza de las conclusiones. Se requieren estudios con medición estandarizada de la ansiedad y análisis estratificados por grupo etario para delimitar con mayor precisión la magnitud y los moderadores del efecto ansiolítico de la RV en esta población.

Comparación entre realidad virtual inmersiva y no inmersiva

La comparación entre realidad virtual (RV) inmersiva y no inmersiva en pacientes con quemaduras constituye un área insuficientemente desarrollada, con escasa evidencia comparativa directa. La mayoría de las revisiones sistemáticas y metaanálisis incluidos no realizaron análisis formales diferenciando el grado de inmersión tecnológica (2,4,3,5).

Uno de los pocos análisis que estratificó los resultados según el tipo de inmersión mostró que la modalidad inmersiva se asoció con una reducción significativa del dolor, mientras que la no inmersiva no alcanzó significación estadística en el efecto sobre este desenlace (30). De forma concordante, una revisión posterior reportó una magnitud de efecto superior con la RV inmersiva en comparación con la no inmersiva, con diferencia estadísticamente significativa a favor de la primera modalidad (11). Estos hallazgos sugieren que el nivel de aislamiento sensorial y la capacidad de generar una sensación de “presencia” en el entorno virtual podrían modular la intensidad del efecto analgésico.

Sin embargo, los resultados no son completamente uniformes. En el ámbito de la rehabilitación funcional, se ha observado de forma descriptiva que los sistemas interactivos avanzados se asociaron con mayor ganancia funcional, mientras que las experiencias pasivas mostraron efectos menos consistentes sobre el rango de movimiento, lo que sugiere que la interacción activa podría potenciar el beneficio terapéutico más allá del grado de inmersión visual per se (20). En la misma línea, un ensayo clínico pediátrico reportó que la RV activa se asoció con menor dolor en comparación con la RV pasiva (7). No obstante, al comparar RV interactiva tridimensional con estímulos visuales pasivos (imágenes de naturaleza) utilizando el mismo hardware, no se observaron diferencias significativas en analgesia, lo que sugiere que la interactividad por sí sola podría no explicar completamente el efecto analgésico observado (9).

Algunos estudios emplearon exclusivamente un tipo de tecnología sin comparador interno. Se ha documentado que dispositivos de RV no inmersiva de bajo costo también pueden generar reducciones significativas del dolor y la ansiedad durante procedimientos dolorosos, aunque sin comparación directa con sistemas inmersivos (12). De igual forma, otros ensayos evaluaron únicamente RV inmersiva frente a la ausencia de intervención, sin incluir una modalidad no inmersiva como grupo comparador (16).

Desde una perspectiva teórica, se ha postulado que un mayor grado de inmersión podría asociarse con un mayor efecto analgésico, dado que la RV inmersiva involucra estimulación visual y auditiva simultánea, generando mayor sensación de presencia y captando más recursos atencionales (1,25). En comparación con formas tradicionales de distracción —como televisión, juguetes o dispositivos electrónicos convencionales—, la RV inmersiva ha mostrado una tendencia a mayor eficacia, aunque la evidencia es heterogénea y limitada por la ausencia de comparaciones directas estandarizadas (6). Cabe destacar que en las revisiones que incluyeron análisis de red o subgrupos, la RV gamificada produjo mayor reducción del dolor que la no gamificada, lo que sugiere que el grado de involucramiento activo podría modular la magnitud del efecto terapéutico (15).

En conjunto, la evidencia disponible sugiere una posible superioridad de la RV inmersiva sobre la no inmersiva en términos de analgesia; sin embargo, la falta de comparaciones directas sistemáticas, la heterogeneidad en dispositivos y protocolos, y la ausencia de estandarización metodológica limitan la posibilidad de establecer conclusiones definitivas. Se requieren estudios comparativos directos, con diseño robusto y adecuada estratificación por nivel de inmersión, para clarificar la verdadera magnitud de la diferencia terapéutica entre ambas modalidades.

Rehabilitación funcional post-quemadura

La evidencia acumulada sobre la aplicación de la realidad virtual (RV) en la rehabilitación funcional de pacientes con quemaduras proviene de un número creciente, aunque aún limitado, de estudios que han evaluado su impacto sobre el rango de movimiento articular, la fuerza muscular y la adherencia al tratamiento rehabilitador.

Un metaanálisis que integró 16 ensayos clínicos con 535 participantes reportó que la RV se asoció con una mejora significativa en el rango de movimiento articular en comparación con la rehabilitación convencional, con un tamaño del efecto moderado (20). Las intervenciones evaluadas incluyeron ejercicios asistidos por RV para extremidades superiores e inferiores, movilización de grandes articulaciones y programas específicos de rehabilitación de mano y muñeca. Los estudios que emplearon RV interactiva mostraron una tendencia a mayores ganancias funcionales en comparación con las modalidades pasivas, lo que sugiere un papel potenciador de la participación activa del paciente en el proceso rehabilitador (20,24).

En el subgrupo de pacientes con quemaduras de mano, un ensayo clínico aleatorizado evaluó un programa de rehabilitación con RV de cuatro semanas de duración en pacientes adultos. Se reportaron mejoras significativas en la destreza manual medida mediante el Jebsen–Taylor Hand Function Test (JTT) y el Purdue Pegboard Test (PPT), así como en la percepción funcional evaluada con el Michigan Hand Outcomes Questionnaire (MHQ) (23). Estos resultados son clínicamente relevantes dado el impacto de las quemaduras de mano sobre la motricidad fina y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

Sin embargo, los resultados sobre la fuerza de prensión fueron menos consistentes. Mientras que algunos estudios reportaron mejoras en la fuerza de agarre tras programas de RV (23), otros no encontraron diferencias significativas en comparación con la rehabilitación convencional (20). Esta discrepancia puede atribuirse a diferencias en la intensidad y duración de las intervenciones, en los dispositivos utilizados y en las características basales de los participantes.

En cuanto a la adherencia terapéutica, varios estudios señalaron que la RV se asoció con mayor motivación y disposición del paciente para participar en las sesiones de rehabilitación, particularmente en población pediátrica (21,24). La naturaleza lúdica e interactiva de los entornos virtuales podría reducir la percepción de monotonía y dolor asociada a los ejercicios repetitivos convencionales, favoreciendo la continuidad del tratamiento. No obstante, la mayoría de estos hallazgos provienen de reportes cualitativos o mediciones indirectas, sin escalas validadas de adherencia.

En el contexto de la rehabilitación del paciente adulto, una revisión integrativa señaló que la RV facilitó la realización de ejercicios de rango de movimiento en pacientes con dolor persistente y limitación funcional, aunque la calidad de la evidencia fue valorada como baja a moderada debido a los tamaños muestrales reducidos y a la heterogeneidad de los protocolos (27). Otra revisión sistemática que incluyó estudios de rehabilitación en pacientes con quemaduras documentó mejoras en el rango de movimiento de miembros superiores e inferiores, con resultados más consistentes en intervenciones que combinaron RV con fisioterapia convencional (20).

Es importante señalar que la mayoría de los estudios de rehabilitación evaluaron desenlaces a corto plazo, con seguimiento limitado al periodo inmediato posterior a la intervención. La ausencia de datos sobre la persistencia de los beneficios funcionales a mediano y largo plazo constituye una limitación significativa de la evidencia disponible. Asimismo, la falta de protocolos estandarizados en cuanto a tipo de dispositivo, duración de las sesiones, frecuencia de tratamiento y contenido virtual dificulta la comparación entre estudios y la formulación de recomendaciones clínicas específicas.

En conjunto, la evidencia sugiere que la RV puede constituir una herramienta complementaria útil en la rehabilitación funcional del paciente con quemaduras, particularmente para mejorar el rango de movimiento articular y favorecer la adherencia al tratamiento. Sin embargo, los resultados sobre fuerza muscular no son concluyentes, y se requieren ensayos clínicos con protocolos estandarizados, mayor tamaño muestral y seguimiento prolongado para establecer con mayor precisión su papel dentro de los programas de rehabilitación posquemadura.

Consumo de opioides, seguridad y experiencia del paciente

El consumo de opioides como desenlace en estudios de realidad virtual (RV) en pacientes con quemaduras ha sido evaluado de manera limitada e inconsistente. A pesar de que la reducción del requerimiento de analgesia opioide constituye una de las justificaciones teóricas más frecuentemente citadas para la implementación de la RV, la mayoría de los estudios revisados no incluyeron esta variable como desenlace primario ni la midieron de forma estandarizada.

En las revisiones sistemáticas y metaanálisis analizados, el consumo de opioides fue reportado de manera esporádica y con metodologías diversas —desde el registro de dosis acumulada hasta la documentación cualitativa de la necesidad percibida de analgesia de rescate— (2,8,22). Algunos estudios individuales sugieren una tendencia hacia menor requerimiento de analgesia de rescate en los grupos que recibieron RV (10,27), pero estos hallazgos no alcanzaron significación estadística consistente ni fueron replicados de manera sistemática. Una encuesta realizada en centros de quemados verificados documentó que, si bien la RV se ha incorporado como parte de la atención estándar en un número creciente de instituciones, su impacto cuantificable sobre la prescripción y el consumo de opioides no ha sido formalmente evaluado en la práctica clínica habitual (8).

Esta brecha representa una de las limitaciones más relevantes de la literatura actual. La ausencia de medición estandarizada del consumo de opioides impide establecer conclusiones sobre el potencial ahorrador de la RV en este ámbito, lo que contrasta con la frecuencia con que dicha reducción se invoca como argumento a favor de su implementación.

En cuanto a la seguridad, el perfil de la RV en pacientes con quemaduras fue consistentemente favorable a lo largo de la literatura revisada. Los eventos adversos reportados fueron leves e infrecuentes, incluyendo mareo transitorio, náuseas leves, sensación de calor bajo el visor y molestia por el peso del dispositivo (2,8,12,22). Ningún estudio reportó eventos adversos graves atribuibles a la intervención con RV. En población pediátrica, la tolerabilidad fue igualmente buena, con tasas de interrupción por intolerancia o rechazo extremadamente bajas (5,15,25). No obstante, la notificación de eventos adversos no fue sistemática en todos los ensayos, y algunos estudios no incluyeron un análisis formal de seguridad, lo que limita la capacidad de detectar eventos infrecuentes o subclínicos.

La experiencia del paciente fue evaluada en un subconjunto de los estudios revisados mediante cuestionarios de satisfacción, escalas de disfrute y entrevistas cualitativas. De manera consistente, los pacientes —tanto adultos como pediátricos— reportaron una experiencia positiva con la RV, manifestando preferencia por su uso durante procedimientos futuros (9,16,27,28). En estudios que midieron la “diversión” o el “disfrute” durante el procedimiento, los grupos con RV obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que los controles (9,19). La percepción de utilidad fue particularmente marcada en pacientes pediátricos, quienes mostraron mayor entusiasmo y menor resistencia a los procedimientos cuando se utilizó RV (7,18,25).

Desde la perspectiva del personal clínico, la implementación de la RV fue valorada positivamente en los estudios que recogieron esta información. Se reportó que la RV facilitó la realización de procedimientos al reducir la agitación y la resistencia del paciente, particularmente en niños (8,27). Sin embargo, también se identificaron barreras logísticas, incluyendo el costo de los equipos, la necesidad de capacitación del personal, las dificultades para mantener la higiene de los dispositivos en entornos clínicos y la complejidad de integrar la RV dentro de flujos de trabajo asistenciales preestablecidos (8,12).

En conjunto, la evidencia disponible indica que la RV presenta un perfil de seguridad favorable y una alta aceptabilidad por parte de pacientes y profesionales de la salud. Sin embargo, la falta de evaluación sistemática del consumo de opioides como desenlace constituye una laguna significativa que debe abordarse en investigaciones futuras. La incorporación de mediciones estandarizadas del requerimiento analgésico permitiría determinar con rigor si la RV puede contribuir efectivamente a reducir la carga opioide en pacientes con quemaduras.

Limitaciones de la evidencia

La interpretación de la evidencia disponible sobre la realidad virtual (RV) en pacientes con quemaduras debe considerar múltiples limitaciones metodológicas que condicionan la solidez de las conclusiones.

En primer lugar, los tamaños muestrales de la mayoría de los ensayos clínicos incluidos fueron reducidos, con algunos estudios que incluyeron menos de 30 participantes por grupo. Esta limitación disminuye la potencia estadística para detectar diferencias clínicamente relevantes y aumenta la susceptibilidad a errores de tipo II (2,4,22,26).

En segundo lugar, la heterogeneidad metodológica fue considerable. Los estudios difirieron en cuanto a población (pediátrica versus adulta), tipo de procedimiento evaluado (curaciones, desbridamiento, rehabilitación), modalidad de RV (inmersiva versus no inmersiva; activa versus pasiva), tipo de dispositivo utilizado, duración y frecuencia de las sesiones, escalas de medición del dolor y la ansiedad, y tipo de comparador (cuidado estándar, otra intervención no farmacológica o RV pasiva). Esta variabilidad dificulta la síntesis cuantitativa y limita la comparabilidad entre estudios (3,5,26).

En tercer lugar, la ausencia de cegamiento constituye una limitación inherente a las intervenciones con RV. Dado que el paciente es consciente de estar utilizando un dispositivo de RV, no es posible implementar un cegamiento convencional, lo que introduce un riesgo de sesgo de expectativa y efecto placebo que puede sobreestimar los efectos reportados sobre el dolor y la ansiedad (2,22,28).

En cuarto lugar, la mayoría de los estudios evaluaron desenlaces a corto plazo, generalmente durante o inmediatamente después del procedimiento doloroso. La ausencia de seguimiento a mediano y largo plazo impide determinar si los beneficios de la RV se mantienen en el tiempo, si existe un efecto acumulativo con sesiones repetidas o si la eficacia disminuye por habituación (4,20,27).

En quinto lugar, la falta de estandarización en los instrumentos de medición del dolor y la ansiedad dificulta la comparación directa entre estudios. Se utilizaron escalas diversas, incluyendo la Escala Visual Analógica (EVA), la escala numérica del dolor (NRS), la Wong-Baker FACES, la Graphic Rating Scale, el Faces Pain Scale-Revised, el State-Trait Anxiety Inventory (STAI) y mediciones fisiológicas, entre otras (2,5,22,25,26). Esta heterogeneidad instrumental introduce variabilidad adicional en los estimadores de efecto.

En sexto lugar, la probable superposición de estudios primarios entre diferentes revisiones sistemáticas y metaanálisis constituye una fuente de redundancia que puede inflar artificialmente la percepción de la base de evidencia. Al no existir un registro centralizado que permita rastrear la inclusión de cada estudio primario en múltiples revisiones, existe el riesgo de que los mismos datos sean contabilizados repetidamente en síntesis independientes (2,22,30).

En séptimo lugar, la posibilidad de sesgo de publicación debe considerarse. Es más probable que se publiquen estudios con resultados positivos, lo que podría sobreestimar el efecto global de la RV. Algunos metaanálisis incluyeron análisis de funnel plot que no descartaron completamente esta posibilidad (2,5).

Finalmente, la escasa representación de contextos de ingresos bajos y medios en la literatura revisada limita la generalizabilidad de los hallazgos a entornos donde la carga de quemaduras es desproporcionadamente alta. La mayoría de los ensayos se realizaron en centros especializados de países de ingresos altos, y la factibilidad, aceptabilidad y costo-efectividad de la RV en contextos con recursos limitados permanecen insuficientemente exploradas (12,22).

En conjunto, estas limitaciones subrayan la necesidad de ensayos clínicos aleatorizados multicéntricos con protocolos estandarizados, tamaños de muestra adecuados, instrumentos de medición homogéneos, seguimiento a mediano y largo plazo, evaluación del consumo de opioides como desenlace primario y representación de contextos clínicos diversos, a fin de consolidar la base de evidencia necesaria para sustentar recomendaciones clínicas robustas sobre el uso de la RV en pacientes con quemaduras.

Conclusiones

La presente revisión narrativa estructurada permite establecer las siguientes consideraciones a partir de la síntesis de 30 estudios publicados entre 2016 y 2026.

La realidad virtual, predominantemente en su modalidad inmersiva e interactiva, constituye una intervención adyuvante no farmacológica con eficacia demostrada para la reducción del dolor procedimental durante curaciones y desbridamiento en pacientes con quemaduras. La magnitud del efecto, reportada de forma consistente como moderada a grande en múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis independientes, respalda su incorporación dentro de protocolos de analgesia multimodal tanto en población adulta como pediátrica (2,3,5,11,22,30).

En relación con la ansiedad, los hallazgos son favorables aunque más heterogéneos. La señal ansiolítica es más consistente en niños y adolescentes, en quienes la distracción inmersiva parece modular tanto la ansiedad experimentada durante el procedimiento como la antipatoria. En adultos, el efecto sobre la ansiedad es de menor magnitud y mayor variabilidad, lo que sugiere la necesidad de investigaciones específicas en este grupo etario.

En el ámbito de la rehabilitación funcional, la realidad virtual ha mostrado potencial para mejorar el rango de movimiento articular y la adherencia terapéutica, con resultados particularmente alentadores en la rehabilitación de la mano quemada. Sin embargo, los efectos sobre la fuerza muscular no han sido consistentes, y la ausencia de protocolos estandarizados dificulta la comparación entre estudios.

El consumo de opioides no fue evaluado de forma sistemática como desenlace en la literatura revisada, lo que constituye una laguna relevante. Aunque la realidad virtual se propone frecuentemente como estrategia para reducir la carga opioide, esta afirmación carece de respaldo cuantitativo directo en los estudios disponibles.

El perfil de seguridad fue favorable, con eventos adversos leves e infrecuentes, y la experiencia del paciente fue consistentemente positiva, lo que sugiere una alta aceptabilidad clínica de la intervención.

No obstante, la solidez de estas conclusiones se encuentra limitada por la heterogeneidad metodológica, los tamaños muestrales reducidos, la diversidad de instrumentos de medición, la ausencia de cegamiento, el predominio de evaluaciones a corto plazo y la posible presencia de sesgo de publicación.

Se requieren ensayos clínicos aleatorizados multicéntricos con protocolos estandarizados, tamaños de muestra adecuados, instrumentos de medición homogéneos, seguimiento a mediano y largo plazo, y evaluación del consumo de opioides como desenlace primario, a fin de consolidar la base de evidencia necesaria para sustentar la incorporación sistemática de la realidad virtual en los protocolos de atención del paciente con quemaduras.

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17 agosto, 2026